NADA NUEVO BAJO EL SOL

Cuatro siglos atrás, DESCARTES (1596-1650) ya habllaba de un “código moral provisional”, con su duda metodológica en busca de la certeza absoluta.

“Este código de reglas o máximas se establece para que no se paralice por la incertidumbre en los asuntos prácticos de la vida” definió el autor de la “filosofía moderna”.

Luego vendría ISSAC NEWTON  (1643-1727) con su famosa Ley de la Relatividad: a toda acción equivale una reacción, pero en sentido contrario.

“Las fuerzas siempre ocurren en parejas; no existe una fuerza aislada”, explicó; luego corrieron los ejemplos: al caminar, tus pies empujan el suelo hacia atrás, y el suelo te impulsa hacia adelante; en un cohete, el motor expulsa gases hacia atrás, lo que empuja al cohete hacia adelante; al nadar, empujas el agua con tus manos o aletas hacia atrás, y el agua te desplaza hacia adelante.

Aquí y ahora tenemos otras referencias.

Dicen que el hombre es el único animal que cae dos veces en el mismo hoyo.

De conocer y reconocer la historia, ha alimentado el discurso la actual clase gobernante, denominando “Cuarta Transformación” a su movimiento, como consecuencia de la independencia, la reforma y la revolución, que marcaron los últimos tres siglos en la república.

Otras “microhistorias” han orientado el curso de la vida pública y privada en cada una de esas etapas.

Sin detrimento de las incidencias externas que han trastocado la armonía y el desarrollo de nuestra patria, en lo grande y en lo pequeño -ya sabe, la fatalidad por la que habla el dicho, de “vivir tan alejados de Dios y tan cerca de los EEUU”-, las alertas siempre han estado presentes y los desenlaces trágicos se han asociado a su conveniente desconocimiento.

Cuando la inseguridad se desbordó en barbarie entre el 2010 y el 2014, desde las vísperas la historia pública registrada por los medios cronicó los hechos crecientes, que empezaron con el rompimiento de pactos no escritos entre las propias organizaciones criminales.

Las agresiones a las familias, a las mujeres y los menores, a los representantes del orden, a los terceros ajenos a sus “negocios”, peleando extraterritorialmente.

En el 2018, con la llegada de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR a la Presidencia, los índices de violencia que mantuvieron un ritmo creciente constante en la década previa, empezaron a ceder, consolidando un nuevo estado de armonía y entendimiento social.

Aunque la gráfica delincuencial se ha mantenido a la baja, las presiones empesaron a desbordarse de un tiempo a la fecha, como consecuencia de los cabos que se dejaron sueltos y permitieron la reaparición gradual de factores desestabilizadores.

De nueva cuenta, los medios alertaron en los años recientes, la reaparición de los grupos dedicados a la extorsión y el despojo de la propiedad privada a los sectores productivos.

Solo el boletín sonriente pretendió eliminar esa realidad lacerante.

Entonces se dijo, en este mismo espacio, que quienes empezaron a cobrar cuotas y despojar bienes de particulares, de nuevo, iban a armarse y multiplicarse, para escalar en la gráfica delincuencial, amenazando con abrir la puerta al regreso de etapas superadas.

Muchos lo lamentaron, pero otros más lo celebraron, y nadie hizo nada.

El cobro y el pago de disimulos, entre delincuentes y autoridades provinciales, como en el pasado tortuoso, significó la suplantación del Estado y el sometimiento, hasta el punto que los mismos grupos proscritos dejaron de pagar para incorporar en su listas de subvenciones al Estado mismo y sus repreesentantes; esa es la ruta que amaga los nuevos tiempos.

¿Por qué los civiles armados se sienten con el derecho y la libertad de salir a reclamar y confrontar a “la autoridad” porque les detienen u obstruyen sus actividades ilícitas?

El Estado federal ha tenido que salir a provincia a atacar las manifestaciones antisociales de luto impacto, porque en lo doméstico se han normalizado las complicidades.

El “operativo enjambre” desplegado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de OMAR GARCÍA HARFUCH, ha tenido que desdoblarse para someter a algunos de los involucrados en ese esquema de complicidades.

Imposible alcanzarlos a todos.

La idea sería que en el ejemplo, el resto corrigiera, pero pareciera que los más la siguen apostando a la incapacidad para la cobertura total.

¿Hasta cuándo?… ¿hasta dónde?

¿Tendrán conciencia del daño que estan gestando a las presentes y futuras generaciones sus autores?

Júrelo, no valen sus desenfrenos financiados con dinero ensangrentado.

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