Siempre lo he dicho: no somos los mismos… ni somos iguales.
Ahora hay quien se escandaliza porque el Gobierno estatal morenista solicitó y obtuvo el aval del Congreso del Estado para extender la concesión a los de la Sociedad Anónima de la Autopista Mante-Ocampo-Tula hasta del 2071 -22 años más de los originalmente pactados-, concediendo por ese tiempo la afectación de hasta el 7 por ciento del Fondo de Participaciones Federales que corresponden al Estado.
Algo así como 2 mil millones de pesos anuales, de los de hoy en día.
Cuando originalmente se aprobó la concesión y las afectaciones, en el pasado sexenio -2019-, se hizo en una sesión maratónica, donde entre otros temas y el propio, se ventiló la aprobación de 465 cuentas públicas, en la manifiesta intención de “hacer perdedizo” el tema.
La concesión de marras igual iba inserta en un universo de temas que atendían más a la formación del “fideicomiso maestro”, dotándolo, aparte del financiamiento público, de un paquete de quince propiedades con una extensión de más de 3 mil hectáreas en zonas privilegiadas, de los municipios de Nuevo Laredo, Matamoros, Soto la Marina, Victoria, Tula, El Mante, Altamira y Tampico.
Más aún, sin haber esto una piedra, ya habían dispuesto que “si no se ejercía el programa en un año”, los recursos de un financiamiento por 240 millones de pesos asociado al tema, se destinarían a otras
“obras productivas”, que igual se manejaron en genérico y nunca se supo exactamente a dónde fueron a parar.
Porque, en efecto, tuvieron que pasar tres años para que se fuera el gobierno cornudo y al arribo de la administración americanista, se retomara el proyecto, se le dieran efectivas garantías a los presuntos socios y se diera paso a la ejecución de la obra.
Lo que parecía un sueño, pronto se convirtió en realidad con espectaculares despliegues de tecnología constructiva que oradó la sierra madre por más de dos kilómetros para dar paso a la moderna rúa que desde hace meses acorta la ruta del Bajío a los puertos del sur, cruzando los vergeles y campos productivos de la huasteca tamaulipeca.
¿Entonces para qué la ampliación?
Ha resultado tan viable la sociedad público-privada que permitió la obra de. La Mante-Ocampo-Tula que las partes decidieron prolongar los trabajos, ahora con el libramiento de El Mante y el Viaducto Altamira-Tampico, lo que se ha dado en llamar el segundo piso de la ruta de acceso a la zona conurbada del sur.
Obras estratégicas que consolidan el nuevo rostro, moderno y funcional de la franja sureña del mapa tamaulipeco, que potencia sus incalculables riquezas, desde la producción primaria, la industria de transformación, la petroquímica y la logística exportadora portuaria.
Obras para las que el estado sólo está dando efectivas garantías a la consecución de la inversión privada, recuperable, con sus ganancias, en el cobro de peajes durante los plazos concesionados.
Por eso votaron los diputados locales en su sesión extraordinaria de este miércoles en Victoria capital.
Una parte de la oposición minoritaria se abstuvo a la hora de votar, más que por la ignorancia de los detalles de la operación, por el riesgo de que ahí les recordaran el desaseado manejo que le dieron al tema, inmerso aún en la pesquisas profilácticas de las instancias jurisdiccionales.
Los datos finos seguirán fluyendo por estos días, seguramente, para la satisfacción del respetable.
Y recordar que los de ahora no son lo mismo que los de ayer… no son iguales, se dice.
